Nieve en Monte Grande

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9 de julio del 2007. Cae nieve en Monte Grande

Nuestras Islas Malvinas

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LAS MALVINAS SON ARGENTINAS

6.12.09

Politica y actualidad en latinoamérica y su campo

"La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral."
Jose VasconÇelos

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Interesante articulo desde "GranValparaiso.cl"
Queda a discusión de los lectores.


Ni mega empresarios ni latifundistas representan al pueblo

huaso

DEFINITIVAMENTE, FUE una buena tarde: controversial, discutida, amarga, pero finalmente aclaradora.

Encarar a un amigo nunca es algo simpático, ni agradable. Menos aún si se trata de asuntos políticos, en los cuales, al menos yo, jamás cedo un milímetro.

Me ufano por tener amigos pertenecientes a todas las tendencias políticas, y con ellos discuto Chile, construyo Chile y sueño Chile. Cada uno aporta visiones ideales, pero contrapuestas en sus orígenes y muy especialmente en sus objetivos y fines.

Acepto que mis amigos –algunos de ellos- continúen creyendo a pie juntillas las promesas de candidatos que ya han demostrado cuánto y cuán bien pueden traicionar, mentir y engañar… pero, lo que jamás aceptaré es que esos amigos intenten convertirme políticamente en uno de ellos.

Y si no acepto lo anteriormente mencionado, imagínese usted, amigo lector, qué poco aceptaré los arrebatos espurios de un amigo latifundista –y de derecha- que pretende, livianamente, contar con mi anuencia electoral para que él pueda “representarme” en el Congreso Nacional.

¡¡Está loco!! Ni siquiera algunos socialistas (o supuestamente socialistas) como Juan Pablo Letelier y Marco Enríquez Ominami , ni comunistas (como Guillermo Teillier), ni humanistas (comoTomás Hirsch), ni democristianos (como Eduardo Frei), ni radicales (como Alejandro Sule), tienen condiciones políticas, morales ni intelectuales para ‘representarme’.

¿Entonces, habida consideración de lo anterior, cómo se le puede ocurrir a un patrón, un dueño de fundo, un empresario que combate el sindicalismo y persigue a muerte cualquier organización de los trabajadores, pedirme mi autorización para ser mi representante en el Poder Legislativo?

Y eso fue lo que me ‘ofreció’ ese amigo al que hice referencia al iniciar estas líneas. Una bofetada a mi dignidad política.

Hubo un tiempo (exiguo, a decir verdad) luego de la espantosa experiencia vivida por el país en los 17 años de dictadura, en el cual pensé que la derecha chilena intentaría regresar a ese republicanismo que ella misma ayudó a concretar en las décadas de los años ‘40 y ‘50

Me equivoqué…ya que la actual derecha chilena –si de algo carece absolutamente- es de espíritu democrático y republicano.

Para comprobar este aserto basta conversar algunos minutos –en una reunión familiar o de amigos al lado de una parrillada- con individuos como Eugenio Bauer, Carlos Larraín, Andrés Chadwick, Patricio Fernández y otros similares, y percatarse que ellos (derechistas a concho y todavía admiradores de Pinochet) siguen manteniendo distancias ‘sociales’, políticas, económicas y raciales con la gente trabajadora, con el pueblo, al que consideran simple ‘ganado operativo’, mano de obra desechable.

Esta gente cree que el pueblo debe agradecer cuando los empresarios dan trabajo (mal remunerado, en verdad), olvidando el ya histórico grafitti que los estudiantes franceses pintaron en las murallas de París la primavera de 1968: “tú no necesitas al patrón, es el patrón el que te necesita a ti”.

A ese amigo derechista que concurrió a mi casa solicitando mi apoyo, mi voto y mi anuencia a su programa parlamentario ultra conservador y beato, le respondí casi con ironía que jamás un empresario latifundista podría ser mi representante en el Congreso, pues, al contrario, política y laboralmente, ese mismo patrón era mi adversario desde el momento en que él combatía la sindicalización y se oponía con tenacidad al mejoramiento salarial de sus temporeras y temporeros.

-Tienes un pensamiento muy anticuado -.me respondió- ya que hoy esas diferencias no le interesan a la gente.

No me demoré mucho para contraatacar. Y la discusión terminó antes de tomar cuerpo.

-Entonces, siguiendo tu línea de pensamiento, un sionista puede representar a un palestino en la ONU, o un nazi hitleriano puede representar a un judío tanto como tú –exportador agrofrutícola y patroncito- quieres representar SOCIAL Y POLÍTICAMENTE a aquellos trabajadores que explotas y aquellos amigos tuyos que, como yo, luchan por un país que se envuelva en la democracia plena y en la igualdad ante la ley y la sociedad que sólo la soberanía popular otorga.

Ese ‘amigo’ dio vuelta la espalda y marchó con paso rápido fuera de mi casa, pero no sin antes murmurar una de las típicas estupideces que acostumbran explicitar los derechistas cuando quedan sin argumentos de peso. “Eres un vulgar comunista…”

¿Comunista porque no acepto la privatización de la Educación ni de la Salud ‘públicas’? ¿Comunista porque propugno un sindicalismo fuerte? ¿Comunista porque lucho con ardor para que la justicia sea IGUAL para todos? ¿Comunista porque exijo que los recursos naturales de mi país pertenezcan a todos, al estado, a la gente y a nuestra Historia? ¿Comunista porque extremo mis esfuerzos para terminar con un sistema binominal que se ríe de la voluntad popular favoreciendo en exclusiva a los ultristas conservadores vástagos de Pinochet y el golpismo?

Seguramente, los derechistas se inclinan a favor de que el patrón, el empresario, ‘represente’ ante él mismo a los trabajadores sindicalizados en una negociación colectiva. Ese es el sueño de verano de todo fascista, y tal vez sea también la fantasía de mi amigo agricultor.

Ese amigo, al igual que la enorme mayoría de los simpatizantes de la derecha, confunde las situaciones por conveniencia personal (a menos, claro, que sea tan ignorante que ese desconocimiento obedezca al analfabetismo cívico, asunto que tampoco me sorprendería), puesto que para él cualquier posición política que no encienda velas ni adore al empresariado, es signo de comunismo.

No, pues, señor gran agricultor… no soy comunista (ni nunca lo he sido); menos serlo hoy, cuando el viejo partido de Recabarren, Corvalán y Gladys Marín ha bajado la cerviz ante la Concertación y sus aliados derechistas oficializando al neoliberalismo como sistema económico nacional, aceptando la política racista contra el pueblo mapuche y protocolizando el aumento de la enorme brecha económica que coloca a Chile entre los tres países con mayor desigualdad económica en el planeta.

Señor agricultor, yo no soy comunista, ni derechista…sigo siendo lo que siempre he sido en esencia: un socialista allendista…un republicano socialista de aquellos de los viejos tercios, de esos socialistas que hoy son combatidos, perseguidos y ninguneados por fascistas de izquierda como Escalona, Schilling, Letelier y otros parecidos que se reconvirtieron a la fe neoliberal por conveniencia económica personal (o familiar).

Que mi amigo derechista no se confunda. Mis críticas públicas a los patinazos de la Concertación y mis quejas por el entreguismo de los actuales dirigentes comunistas y humanistas, no significa necesariamente que ellas me coloquen a la vera de los Larraín, los Longueira, los Chadwick, los Melero, los Coloma, los Pinochet.

Es con esa burda simpleza que los derechistas siguen engañando a mucha gente desavisada, ya que para ellos el mundo político tiene sólo dos colores: blanco y negro, conservadores y comunistas.

Con ese criterio, apenas podrán representarse a sí mismos.

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