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17.3.13

La salud en estado crítico: la prestación de un servicio básico cada vez con más fallas

Las Islas Malvinas son Argentinas.


La salud en estado crítico: la prestación de un servicio básico cada vez con más fallas

Las falencias se dan tanto en el sector público como en el privado y, aunque de distinta índole, afectan a los pacientes. Esperas interminables para conseguir turnos o ser atendidos, falta de insumos y de recursos humanos son una lógica que se repite.

FUENTE: INFOREGION.COM.AR

Celeste Rodríguez (27) tenía, desde hace un mes, asignado un turno con un médico clínico en un reconocido centro de salud privado de Adrogué. Apenas una hora antes del horario pautado para visitar al profesional a fin de llevarle la batería de estudios que él le mandó a realizar (cuyos resultados también se demoraron meses por los turnos extendidos para efectuarse cada uno de ellos,) desde la clínica le notificaron que la cita debía cancelarse y que recién le podían “facilitar” otro encuentro un mes más tarde, por problemas de agenda.

El domingo, Azucena Francin (63) casi no se acostó a dormir. Es que a las tres de la madrugada del lunes comenzó su guardia frente al hospital Santamarina de Monte Grande para poder obtener un turno con un doctor. Pero la tarea le fue difícil porque, con el mismo objetivo, muchos ya le habían ganado de mano: decenas de personas durmieron frente a las puertas del policlínico para recibir uno de los apenas diez turnos que se asignan por día.

La falta de infraestructura, la precariedad en la atención de un servicio tan importante y delicado, la escasez de recursos, en algunos casos materiales, pero también humanos, para hacer frente a la prestación de la salud es una realidad que por estos días, al menos en la región, describe tanto al sector público como al privado en materia sanitaria.

Carencia de tomógrafos y de otros aparatos de alta complejidad, falta de espacio para la internación y áreas básicas que permanecen sin funcionamiento hoy es el triste panorama de muchísimos hospitales en el sur del Conurbano bonaerense. Mientras que las clínicas, siempre con mejor reputación que los centros públicos, tampoco han podido absorber esa demanda insatisfecha debido a múltiples causas: apenas un profesional médico por área, agendas de turnos que parecen no abrirse nunca y, en casos, según el testimonio de pacientes, maltrato por parte del personal administrativo.

Crónicas de un sistema que, de hace un tiempo a esta parte, parece hacer siempre equilibrio para no desmoronarse.



Espera que desespera.Tanto en los centros de atención de la salud públicos como en los privados hay una constante que se repite a diario: salas de espera repletas, amansadoras que pueden extenderse durante horas y hasta tardes completas. En ambos casos, el drama tiene un denominador común: la concatenación de problemas que derivan en una atención deficiente, que deja mucho que desear.

En las clínicas, la queja principal es la escasez de profesionales médicos por área, lo que hace que los turnos deban pedirse con meses de anticipación. Aun así la espera se dilata por aquellos que, ante la gravedad de alguna patología, no pueden esperar y deciden aceptar un “sobreturno”, que engrosa las listas hasta juntar 15 pacientes por día en la agenda del médico, lo que hace interminable la espera.

“Yo he estado esperando a que me llamen para atenderme por más de 2 horas, cuando tenía un turno y estaba citada para un horario que me dieron ellos. Vas a quejarte y te dicen que viene gente con sobre turnos, con orden del doctor. Yo soy mayor y es una falta de respeto que me traten así, aunque estoy acostumbrada”, cuenta Angélica Taborda (80), que se atiende en una clínica de Adrogué.

En el mismo centro médico, Guillermo Aguirre (22) cuenta un episodio trágico que vivió su familia: “Mi abuela recientemente operada del corazón se fue a hacer un control hace un año y medio. Como en la clínica vieron que estaba mal, que se sentía mal, la mandaron a atenderse a la guardia, sabiendo que era una paciente de riesgo. La tuvieron esperando ahí dos horas. En ese lapso sufrió un infarto y, cuando la atendieron, ya estaba muerta. La indignación no me entraba en el pecho”.

La modalidad de sobre turnos y las esperas interminables también tienen lugar en un centro de Remedios de Escalada. “Me atiendo acá hace años y la prestación es cada vez peor. Las demoras siempre existieron, pero ahora me pasa que tengo turno a las 15 y quizás hasta las 20 no salgo de la clínica”, se queja Analía (35).

La falta de profesionales por área no sólo genera que se asignen más turnos por día de los que en la práctica se pueden atender, sino también que conseguir ese preciado encuentro con un médico sea una odisea, sobre todo si se hace el intento por vía telefónica.

“Puedo estar tres horas llamando para pedir un turno y nadie te atiende. Si tenés la suerte de comunicarte, muchas veces te dicen que ‘la agenda del doctor fulano se abre mañana’. Llamás al otro día, en que supuestamente se abre la agenda de fulano, y la respuesta es la misma, que se abre al día siguiente”, critica Carolina (28), que se atiende en Adrogué.

En un sanatorio de Temperley, las cosas no cambian mucho. “A principios de este mes pedí un turno con un clínico y me dieron para fines de abril. Si me quiero atender ahí tengo que seguir con mi dolencia o mi padecimiento casi dos meses para que me vea un médico”, se queja César.

Hilda Armallo (78) tiene tres prótesis en sus caderas y viaja desde Luis Guillón para atenderse en una clínica modelo de la zona. “Para mí es una tortura. Te dan turno por orden de llegada, pero están más de 5 horas para atenderte porque lo hace una sola persona. La última vez estuve desde las 10 hasta las 19 esperando y me terminé yendo. El mes pasado se enfermó el cardiólogo y no había otro”, le cuenta a Info Región.

En los hospitales, la situación es la misma, con el agravante de que el poco personal médico que existe se encuentra sobre exigido y con entrecruzamiento de funciones. “Es un desastre. Estamos desde las 8 de la mañana y nos atendieron a la una del mediodía”, señalan Marcia Eschiavone (34), que tiene una discapacidad visual, y Eduardo Blanco (27), que llegó al hospital Gandulfo, de Lomas, para que le renueven el yeso en su peroné fracturado.

“Entendemos que hay emergencias que tienen prioridad, pero no nos pueden tener así. Además los médicos se reparten entre la guardia y cirugía, porque ahora tengo que ver al traumatólogo y tengo que esperar a que me atienda porque todavía está operando”, apunta Eduardo.



La salud en terapia intensiva. Las complicaciones a la hora de querer concertar una entrevista con un médico y las demoras para que esa atención se concrete pasan a ser un problema menor si se analizan las causas que hacen que el sistema de salud no pueda hacer frente a la demanda del servicio de manera eficiente.

En los hospitales, los problemas de infraestructura y la falta de recursos humanos e insumos hacen estragos. Debido a la última de estas tres falencias, el 13 de enero un hecho generó resonancia puertas adentro del Policlínico Santamarina: un adolescente de 16 años murió tras volcar la ambulancia que lo regresaba al hospital luego de tener que ser trasladado al Presidente Perón, de Avellaneda, a realizarse un estudio de alta complejidad debido a la carencia de tomógrafos donde estaba internado.

Lo cierto es que en ese centro médico no sólo faltan equipos de alta complejidad sino también obras de infraestructura que reviertan el grave estado edilicio que padece el Santamarina.

“Hay tres quirófanos que son una vergüenza, que no disponen de los elementos, con un solo bisturí para los tres”, describe a Info Región Julia Cresta, secretaria general de CICOP. Y con ella coincide Stella Maris Gilabert, secretaria gremial de la Asociación: “Lo de los quirófanos fue una masacre. La gente tenía que esperar a que no lloviera para poder ser operada. Ahora arreglaron alguno que otro, pero todo el hospital está muy pero muy mal.”

Otra deficiencia en el hospital, según aseguran, es la precariedad del sector de Laboratorio. “Acá no hay laboratorios de hormonas. Sólo se analizan las tiroidianas y los anticuerpos. No hacen dopaje de prolactina, cortisol ni otros tantos. La gente cree que la única glándula que funciona en el cuerpo es la tiroides. Y en el cuerpo hay más de doscientas glándulas”, se queja Gilabert, única médica endocrinóloga del hospital.

Según apuntó, los pacientes a los que se les detectan alteraciones en otras glándulas deben dirigirse al hospital Evita de Lanús, el más cercano para realizarse el análisis. De allí la falta de recursos humanos. “¿Quién va a venir a trabajar acá si no tenés un laboratorio que te pueda resolver rápidamente un diagnóstico?”, cuestiona Gilabert.

En el hospital Gandulfo, de Lomas de Zamora, sucede algo parecido. “En el hospital nunca hay lugar, ni camas, están todos en el pasillo. Los médicos de urgencia no te atienden, salvo que vengas de un choque, porque están sobrepasados de trabajo”, cuenta Valeria María (32).

En el caso de las guardias, las problemáticas afectan tanto a las instituciones públicas de la salud como a las privadas.

En ese centro de salud pública lomense, la espera puede ser interminable debido a que los mismos médicos que atienden a pacientes internados y realizan intervenciones quirúrgicas son los que también reciben a la gente en las guardias. “Hay personas que se han desmayado esperando y que si no era por los propios pacientes, que empezaron a golpear o patear puertas de la desesperación, el hombre seguía tirado en el piso”, cuenta Raúl (60).

En el caso de las clínicas, el servicio de guardia en la mayoría de los casos es acotado: una prestación básica que requiere de mucha paciencia al momento de esperar ser atendido. Además, las guardias traumatológicas o pediátricas son un milagro que muy pocos centros de salud ofrecen.

“En reiteradas ocasiones necesité la guardia de traumatología para atenderme o hacer atender a mis hijos y la verdad es que es una ruleta, nunca se sabe con lo que te vas a encontrar. Una de cada 5 veces que vas, los encontrás. No sé si es falta de personal, mala organización o simplemente falta de voluntad”, apunta Nora Juárez (50), sobre la base de su experiencia en una clínica de Adrogué.

Lo mismo ocurre con las guardias pediátricas, que sólo son ofrecidas por un sanatorio de Temperley. En Lomas, en cambio, un reconocido policlínico “no tiene servicio de guardia pediátrica hace por lo menos un año”, según apuntaron desde el lugar. “Esto no es de ahora y es por falta de infraestructura”, señalan.

En el Santamarina de Monte Grande también se quejan: “Hay mucha, demasiada gente y pocos médicos calculo. No consigo traumatólogo y le tengo que hacer las plantillas a la nena”, apunta Azucena Francín, que atiende a su hija Romina Ponce (20) que tiene Síndrome de Down.

Mientras tanto, la iniciativa de provincializar algunos hospitales para mejorar el funcionamiento de los que aún siguen siendo municipales se debate en el marco de salas de espera colmadas y derivaciones a otros centros por falta de recursos. A su vez, las clínicas se ven colapsadas aun prestando un servicio que deja mucho que desear.

* Nota correspondiente a la publicación del día 16 de Marzo de 2013

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