Nieve en Monte Grande

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9 de julio del 2007. Cae nieve en Monte Grande

Nuestras Islas Malvinas

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LAS MALVINAS SON ARGENTINAS

1.11.10

Tiro de gracia

"Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón el de la tolerancia"

A KIRCHNER LO MATÓ EL MIEDO (y Moyano le dio el tiro de gracia)
de Enrique Francisco Arenz

el El Domingo, 31 de octubre de 2010 a las 19:15
Las personalidades como Néstor Kirchner no se enferman por la acción, las
... peleas, las intrigas, las crispaciones cotidianas y la hiperactividad.
Al contrario, disfrutan cuando humillan y someten a los demás, aplastan
a sus enemigos y consiguen sus objetivos. Lo que los enferma es el
fracaso, la caída, la derrota inesperada, la debilidad del poder, el
morder el polvo una y otra vez. Mientras Néstor Kirchner
logró materializar sus ambiciones, someter a la incondicionalidad a sus
adláteres y atropellar con éxito a sus adversarios y enemigos, vendió
salud, fue feliz y se notaba que disfrutaba de su posición dominante. Obligó
al comandante del Ejercito a descolgar un cuadro, echó al obispo
castrense sin consultar al Papa, mandó a encarcelar a cientos de
oficiales sin derecho al arresto domiciliario por edad avanzada o
enfermedad, aumentó una y otra vez las jubilaciones mínimas mientras
postergaba arbitraria e injustamente las escalas superiores, sometió a
gobernadores e intendentes, transformó en poderosas empresarias a las
madres de Plaza de Mayo y entregó las calles a piqueteros y movimientos
sociales subvencionados con dinero público. Pero por sobre todo supo
multiplicar milagrosamente su propia fortuna personal. Todo
le salía bien. Hasta el extremo de idear una manera de burlar la
Constitución poniendo a su esposa como sucesora para poder ocupar varios
turnos presidenciales mediante esa alternancia artificial. No tuvo
escrúpulos al ordenar la adulteración de las estadísticas del INDEC, no
tuvo freno al meter la mano en las reservas del Banco Central, ni al
manotear los recursos de la Anses ni al provocar una inflación que
empobrece día a día a los pobres y arrastra a muchos a la indigencia.
Hizo lo que se le dio la gana. Con nosotros, con nuestra economía y con
el prestigio internacional de la Argentina. Pero un día
las cosas comenzaron a salirle mal. El primer aviso fue aquella
inesperada manifestación masiva convocada por Juan Carlos Blumberg
contra la inseguridad, grave problema del que ni él ni su esposa jamás
se preocuparon. Después vino la valiente resistencia de los ruralistas
contra el intento de saquearlos con las retenciones, los cacerolazos en
los centros urbanos, el rechazo popular al discurso enervante que
planteaba el conflicto permanente y se negaba al diálogo negociador, y,
finalmente, el demoledor voto no positivo del vicepresidente Cobos,
una verdadera catástrofe. Y a partir de ese traspié, una
catarata de fiascos y frustraciones: el enfrentamiento con la Iglesia,
que le costó el alejamiento de vastos sectores católicos; el
conflicto chapucero con Uruguay, que terminó con una sentencia
internacional contraria a la Argentina; la derrota electoral de 2009,
con el oprobio de las candidaturas testimoniales; la valija venezolana,
las denuncias de Graciela Ocaña sobre la mafia de los medicamentos
(mafia tolerada por el gobierno, cuyas campañas financió, por eso se
tuvo que ir la ministra), la guerra contra el periodismo independiente
que publicaba tapas, investigaciones, denuncias y opiniones que
disgustaban al matrimonio, guerra que epilogó con el papelón increíble
de la falsa denuncia contra la empresa Papel Prensa, y por último, la
frustrada arremetida contra la Justicia “delivery”, los jueces
“cautelares” y la Corte Suprema de Justicia (que había sido nombrada
“para otra cosa”, según reconoció el Secretario Legal y Técnico de la
presidencia), Corte Suprema cuyos dignos y probos ministros, a pesar de
los insultos, las presiones y las amenazas, fallaron como tenían que
fallar en tres causas fundamentales (tres puñaladas para el corazón
sensible de Néstor): la extradición del terrorista chileno Apablaza, la
reposición del procurador echado por Kirchner en Santa Cruz y la
confirmación de la suspensión del artículo de “desinversión” de la Ley
de Medios (hecho a medida para fulminar a Clarín) A todo
esto, las encuestas alambicadas de los analistas más complacientes le
daban una caída libre en la intención de voto de la gente, le advertían
la virtual imposibilidad de llegar al 40% en la primera vuelta en un
proceso considerado irreversible, y por lo tanto la imposibilidad de la
reelección de Cristina o la elección de Néstor en el 2011. Scioli,
oportunista y ventajero (pero no cobarde), lo culpó solapadamente de
la inseguridad en la provincia haciendo trascender que tenía las manos
atadas. “¿Quién le ata las manos, gobernador?”, bramó Kirchner fuera de
sí en una tribuna mirándolo a Scioli con la cara contraída por el
descontrol y la furia. Y esa afrenta le permitió al
“sangre de horchata” dar señales de vaporosa independencia, poner
condiciones a su concurrencia al último acto en Santa Cruz y hasta
admitir públicamente que podría ser candidato a presidente. Varios
intendentes se soliviantaron y algunos gobernadores se atrevieron a
hablar “del futuro del Justicialismo” nada menos que con Duhalde. Ahí Kirchner tuvo su anteúltimo episodio vascular. Se
produjo el asesinato del joven militante del PO, y cuando el gobierno
intentó tirarle el muerto a Duhalde apareció en los odiados diarios la
foto del presunto asesino abrazado con los ministros Boudou y Sileone,
en una peña exclusiva y rigurosamente kirchnerista. Pero
mientras estas atroces derrotas se producían y debilitaban su menguante
poder, los jueces federales movían parsimoniosamente los expedientes
de incontables denuncias de corrupción que acorralan a los más cercanos
colaboradores de los Kirchner. Néstor sabía que cuando ya no estuviera
en el poder tendría que afrontar serias consecuencias penales. No sólo
él, también su esposa y posiblemente su hijo, que es el administrador
de la fortuna familiar y como tal debe de saber mucho sobre el arte de
comprar terrenos fiscales baratos y venderlos caros. El horizonte se le
puso muy negro, no tenía escapatoria. Por eso fantaseó con presentarse
como candidato a gobernador por Santa Cruz, y dicen (esto no está
probado aún) que había comenzado a urdir como última escapatoria un
pacto de impunidad con Scioli a cambio de designarlo su heredero. Cuando
el ex presidente llegó a Calafate, ya se estaba muriendo. Su poder sin
límites, sus proyectos hegemónicos, su “revolución” social, su
“modelo” económico de acumulación y "distribución del ingreso", su
capitalismo de amigos disfrazado de Justicia Social, todo,
absolutamente todo, se estaba derrumbando. Hasta la composición del
Consejo de la Magistratura, que utilizó como amenaza contra algunos
jueces vulnerables, cambiaría próximamente dejándolo sin el temible
poder de veto. Ya estaba muriendo, pero le faltaba el tiro de gracia. Y se lo dio Moyano.
El día anterior a su fallecimiento el camionero, exaltado porque
también se sabe en peligro, habló telefónicamente con Kirchner por lo
menos tres veces y le recriminó en duros términos haberle vaciado la
reunión del Consejo Justicialista de la Provincia, a la que pegaron el
faltazo los principales dirigentes aparentemente por orden de Kirchner.
Claro, Kirchner también comprobó que Moyano era otro de sus terribles
fracasos e intentaba esmerilarlo antes de que levantara demasiado
vuelo. Pero ya era tarde. Los que le cargaron a Moyano
este sambenito (que le va a resultar difícil quitarse) aseguran que la
discusión fue feroz: Moyano lo amenazó, le recordó que él era el dueño
de la calle y que ya estaba harto de soportar sus maniobras arteras y
su autoritarismo. A la mañana siguiente Kirchner estaba muerto. No
murió por patriota ni por ser un gladiador que dio su vida por sus
ideales en beneficio del pueblo argentino. No fue un mártir, que
prefirió la muerte antes que renunciar a sus convicciones, aunque mucha
gente, en el marco de la necrofilia argentina, hoy así lo crea. Fue un
ambicioso desmesurado de poder y de dinero, un político sin escrúpulos,
sin ética, sin remordimientos, que usó la política y el poder en su
propio beneficio. Y como suele ocurrir con todas las personas como él,
que además están solas y aisladas porque desconfían hasta de sus sombras
y no aceptan consejos ni opiniones que contradigan sus caprichos y sus
locuras, un día la torre que edificó se le empezó a venir abajo. Cuando Néstor tuvo la certeza de que el piso se le ab ría bajo sus pies y los de su familia, su corazón no lo soportó. 
En síntesis: a Kirchner lo enfermó la seguidilla de fracasos sin retorno,
y lo mató el miedo a las consecuencias penales que lo estaban
acechando. Y fue Hugo Moyano quien tuvo el dudoso honor de darle el
tiro de gracia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Esteban Frutos.Por comenzar, gracias por entrar a mi blog y hacerse participe de opinar. nadie le dice a usted que debe decir y como, por lo tanto le respondo que no escupo veneno; mi blog no es politico y, en todo caso si lo fuera tengo, al igual que usted, el mismisimo derecho de opinar, de hablar, decir y oir. De todos modos, no fue un artículo escrito de mi puño y letra; solamente es un artículo más que habla del Sr Kirchner. le diría que no asuma su misma politica de los que están de acuerdo con él o estaban sirve y, los demás somos la contra. No es así y gracias a Dios, desde ahora en más cada argentino va a tener igual derecho de decir y opinar sin que su apriete lo sojuzgue

Muchas gracias

Anónimo dijo...

Yo he conocido cantores
que era un gusto el escuchar,
más no quieren opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando,
que es mi modo de cantar

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En este nuevo blog intentaré dejar plasmado mis trabajos en pintura. Gracias por ser parte de él.
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