Jose VasconÇelos
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Semillas eran las de antes!

Esta gente forma parte del comitè de emergencia en Santiago del Estero. Su ùnica fuente de trabajo es el campo. El comercio de la soja (monocultivo transgènico) se està extendiendo y originando problemas de tierras.!!
Una semilla criolla es el resultado de miles de años de agricultura ecológica. Contiene el trabajo que decenas de generaciones de campesinos vienen realizando, una tras otra, con la intención de mejorar el resultado de su trabajo. Ni mas ni menos que los alimentos.
Con la ya desgastada y siempre incumplida excusa de terminar con el hambre en el Mundo y contribuir al desarrollo del planeta, un pequeño grupo de empresas iniciaron desde hace no mas de dos décadas, una cruzada por el control a nivel mundial de las semillas necesarias para la siembra. Con la modificación genética de las semillas y su patentamiento, han accedido a la llave de la cadena alimentaria.
No parece casualidad que cuando se plantan cultivos genéticamente modificados, el material transgénico contamina los demás cultivos. En lugares donde los cultivos transgénicos se plantan a gran escala se ha vuelto casi imposible encontrar cultivos de la misma especie que no estén contaminados. Y este contagio se extiende incluso a zonas distantes, donde no se habían sembrado semillas genéticamente modificadas.
Para preservar la seguridad y la soberanía alimentaria de nuestros pueblos, para resguardar los ecosistemas que durante miles de años han convertido a Latinoamérica en una región biológica megadiversa, resulta imprescindible la creación de un régimen de responsabilidad vinculante sobre los daños ocasionados por organismos vivos modificados (OVM).
Resulta imprescindible además, que el tema de los transgénicos sea puesto en el tapete y se retire de una vez por todas ese velo que esconde sus efectos en la salud humana y en los ecosistemas. Hay investigaciones y estudios serios realizados que demuestran fehacientemente los daños que producen los agroquímicos, indispensables para su cultivo, a los ecosistemas y todos sus habitantes, incluidos los humanos.
Los transgénicos son indiscutiblemente un flagelo social, producen marginación, desempleo, exclusión social, migraciones. Eso ya no puede discutirse porque es una realidad palpable en los campos, una realidad que está a la vista de quien la quiera ver.
La envergadura que han tomado las plantaciones de monocultivos en países como Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y tantos otros, ha dejado a cientos de miles de familias de agricultores como únicas opciones, ser envenenados por los agrotóxicos o migrar a las grandes ciudades.
Un país que no produce sus alimentos, está condenado a ser esclavo de sus abastecedores. La investigación y la transferencia de tecnología agropecuaria, abandonadas por la mayoría de nuestros Estados, hipotecan nuestro futuro.
La tierra debe utilizarse para producir alimentos para nuestros pueblos, el hambre no es una opción para una región como América Latina, rica en recursos, con todas las posibilidades de producir sus propios alimentos, de ser soberana. Una soberanía necesaria e impostergable

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