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9 de julio del 2007. Cae nieve en Monte Grande

Nuestras Islas Malvinas

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LAS MALVINAS SON ARGENTINAS

27.9.08

Pueblos de América

"La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos".
Jose de San Martin

La Participación Social y la Política en América Latina
Fernando Bermúdez *


Hay quienes dicen que cada pueblo tiene los gobiernos que se merece, y que los gobiernos serán lo que sea el pueblo. Hasta cierto punto esto es verdad, pero no siempre es así. América Latina, y concretamente, Guatemala, ha vivido largos años en la noche de terror impuesto por los regímenes militares respaldados por el gobierno de los Estados Unidos. El movimiento social, integrado por distintos sectores de la sociedad civil; indígenas, campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, profesionales, pobladores de áreas marginales fueron brutalmente reprimidos. Sus líderes fueron perseguidos, secuestrados y asesinados. Esto dio origen, en el caso de Guatemala, como también en otros países del continente, a la insurgencia armada.

Esto se está viendo en varios países como Bolivia, Ecuador y Paraguay…

Hay una tendencia ha conformar movimientos sociales amplios en donde participan distintos sectores sociales y populares. Sin embargo, en el movimiento social guatemalteco, y latinoamericano en general, nos encontramos con una gran dificultad; la pobreza, que en amplios sectores es extrema. Mucha gente no tiene espacio para organizarse y luchar.

La preocupación por conseguir el alimento diario, aunque sea mínimo, acapara la atención de los pobres. En los países ricos del norte, también hay otro obstáculo para la organización social, que es lo opuesto al del sur: el acomodamiento a la sociedad del bienestar que adormece las conciencias y endurece el corazón frente a los problemas del hambre del sur. No obstante, el movimiento social crece. Concebimos el movimiento social y popular como una red de organizaciones (campesinas, sindicales, ONGs, grupos ecologistas, de derechos humanos, de mujeres, comunidades cristianas conscientes…), que buscan un cambio de las estructuras socio-económicas y políticas mediante la participación ciudadana y las propuestas de desarrollo comunitario integral. Hace años el movimiento social acentuaba la protesta frente al sistema, hoy, sin abandonar ésta, hace más énfasis en la propuesta. Ahí tenemos, por ejemplo, los Foros Sociales, en los que aparecen propuestas alternativas al modelo capitalista neoliberal. Desde nuestra experiencia percibimos que el trabajo de participación socio-política comienza con la Formación mediante talleres a todos los niveles de análisis de la realidad social, económica, política, medioambiental, tanto a nivel local como nacional y mundial, estudiando sus causas y efectos. Esta ha sido una de las tareas que la iglesia latinoamericana ha realizado, iluminando la Realidad con la palabra de Dios, y los documentos de Medellín y Puebla fundamentalmente. Es en éste campo donde más nos hemos concentrado en nuestro trabajo de 30 años en América Latina. Después se pasa a un segundo nivel que es la sensibilización o concientización. Cuando se asimila la realidad conscientemente, con sensibilidad social, cuando duele la injusticia y el sufrimiento de la gente, no se puede permanecer indiferente. Esto ya es la base para un tercer paso; la organización. La eficacia en la participación de la vida social y política radica en una buena y sólida organización. En Guatemala, por ejemplo, abundan las organizaciones sociales de grupos indígenas, de mujeres etc. Esto es una esperanza, pero todavía están desarticuladas.

El fortalecimiento del movimiento social radica en la articulación unitaria y cohesión entre las distintas organizaciones sociales y populares, de manera que lleguen a conformar una gran red de redes a nivel nacional. El pecado del movimiento social y popular, tal como yo lo he percibido en Guatemala, es el sectarismo. Hay organizaciones y personas que, tal vez sin pretenderlo expresamente, se creen poseedores de la verdad y los únicos protagonistas de la lucha y del cambio social, excluyendo a otros grupos y personas comprometidas con la causa. Pesan todavía los prejuicios y desconfianzas. Esto genera división y desgaste. Sólo con una organización amplia y verdaderamente democrática y participativa, configurada como una gran red, será imparable la movilización y la lucha por una sociedad alternativa, que seria el cuarto paso. Es así como pasaríamos de una democracia meramente representativa y demagógica, a una democracia real y participativa, en donde los problemas y el futuro se resuelven y trazan conjuntamente entre los gobernantes y la sociedad civil. En la realidad latinoamericana los cambios no van a llegar tanto por los partidos políticos sino sobre todo por el movimiento social y popular, con conciencia de ser una nueva izquierda revolucionaria, coherente. Lamentablemente, muchos partidos de izquierda, en vez de ser una expresión del movimiento social y popular, se han convertido en meras máquinas electoreras. Aparecen y toman fuerza cuando se aproxima una campaña electoral, respondiendo a determinados intereses de grupo. Parece que sólo les interesa el poder, no el pueblo, aunque hablen en nombre del mismo, que es utilizado como escalera.

En la práctica muchos partidos actual distanciados del movimiento social, de las necesidades sentidas del pueblo y de sus luchas reivindicativas. Los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda, han entrado en crisis. Los de derecha, porque, por su demagogia, falta de ética social y defensa de los intereses económicos de los grandes empresarios, han perdido credibilidad ante el pueblo. Y los de izquierda porque se han distanciado de las organizaciones sociales y de las necesidades del pueblo, y en muchas ocasiones utilizan a las organizaciones sociales, como los sindicatos, como correa de transmisión del partido. También los partidos de izquierda se ven amenazados o contaminados por el síndrome del electoralismo. Muestran más interés en alcanzar el poder que en promover las transformaciones sociales, económicas, políticas y ambientales que figuran en su ideario programático. Se siente cada vez más esta crisis de representatividad en la clase política, por las promesas no cumplidas, la corrupción, el sectarismo partidista, la demagogia, el clientelismo y la sumisión de la política a la economía. Esto ha generado una falta de confianza en los partidos y el interés del pueblo hacia la política partidaria. Todo esto está provocando en América Latina y también en los países del norte, que surjan nuevos movimientos sociales que luchan desde diversos ángulos por la transformación de las estructuras sociales. Ahí tenemos, por ejemplo, los foros ciudadanos cada vez más numerosos y activos, y los Foros Sociales.

Para que el movimiento social signifique una fuerza de cambio debe deponer intereses personales y de grupo, sobre todo en sus líderes. Debe superar la oenegizaciòn, pues el movimiento social no debe depender de los proyectos y financiamiento del exterior para su funcionamiento, sino esencialmente de su convicción y capacidad de sacrificio y de lucha de sus miembros, para luchar por una revolución social democrática y pacifica. Sin embargo, estoy convencido de que no podrá haber revolución social firme y duradera, sin que se desarrolle al mismo tiempo una revolución de la conciencia. Aquí está el secreto y la piedra angular. La revolución de la conciencia implica; -Conciencia social, que es conocimiento de la realidad y sensibilidad que hace sufrir a las grandes mayorías del pueblo. -Conciencia critica para analizar las causas estructurales de la realidad social y económica. -Conciencia ecológica, para sentir en carne propia la degradación ambiental a causa de las políticas salvajes del sistema dominante y tomar medidas organizadamente frente al cambio climático. -Conciencia de ciudadanía universal, pues el movimiento social y popular está llamado a revertir la globalización neoliberal por la globalización de la justicia y la solidaridad. Somos ciudadanos del mundo antes que de esta región o país.

En palabras de Pedro Casaldáliga, decimos que hay que pensar globalmente, mundialmente, actuando localmente. De ahí la necesidad de superar los nacionalismo cerrados. -Conciencia ética, que significa liberarse de cualquier otro interés personal, grupal, regional o nacional, sea de carácter económico o político en aras de la justicia social, la equidad y el bien común. La conciencia ética, que es honestidad, transparencia, pasión por la verdad, justicia, espíritu de servicio y solidaridad, es base para el desarrollo de una revolución social. Yo estoy convencido de que la esperanza para el cambio del cual está hoy urgido el mundo, no va a llegar por los partidos sino por el movimiento social y popular, revolucionado en su conciencia y configurado en una gran red de redes a nivel regional, nacional y mundial. Ahí está el reto.

Fuente: Adital

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