Nieve en Monte Grande

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9 de julio del 2007. Cae nieve en Monte Grande

Nuestras Islas Malvinas

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LAS MALVINAS SON ARGENTINAS

5.3.08

Cultura

ANGELES Y ARCANGELES
Gentileza: Sr. Aldo Posentti

INTRODUCCION

Los ángeles son uno de los temas más característicos de la pintura virreinal en América. Su originalidad viene de la iconografía y de la excelencia de su realización, que contrastan con las versiones europeas. En la cultura occidental, el origen de la iconografía de los ángeles se remonta a los primeros siglos del cristianismo.

En la Edad Media, los ángeles no eran representados de forma aislada, a excepción de algunas obras como "San Miguel Arcángel, que encontramos como "Juez de las Almas" en la pintura flamenca, italiana y española. Es en el Renacimiento que los ángeles comienzan a ser pintados individualmente, práctica que se extiende durante el barroco.
La teología cristiana tomaba la obra de Dionisio Areopagita, obispo y escritor religioso del siglo VI, como base de la enseñanza oficial de los personajes y de las funciones de los ángeles. Este autor, en su obra sobre la "Jerarquía Celestial", divide a los ángeles en tres grupos. El primero esta compuesto par serafines, querubines y tronos, el segundo por potestades, virtudes y poderes y el tercero par príncipes, arcángeles y ángeles. Los serafines están en la cima de la jerarquía y rodean el trono de Dios, son de color rojo y su atributo es el fuego. Los querubines simbolizan la sabiduría divina y son de color azul y oro. Los tronos representan la justicia divina y llevan toga y bastón de mando.
El segundo grupo es responsable de los elementos naturales y de los cuerpos celestes, los dominios y los poderes que llevan corona y cetro. Las virtudes se refieren a la pasión de Cristo y llevan a veces flores o símbolos de María.
El tercer grupo establece la relación con la humanidad. Los principados protegen las naciones, los arcángeles son mensajeros de Dios (la tradición popularizó sus nombres: Miguel, Rafael y Gabriel); en fin, los ángeles protegen a todos los hombres.
En base a este esquema, algunas composiciones de ángeles fueron estampadas durante la segunda mitad del siglo XVI. Sirvieron de modelo a pinturas realizadas sobre el mismo tema. Tal es el caso de las tres obras de Gerardo Jode ( 1609-1617), que copiaban trabajos de Martín de Vos. Cada una describe a tres ángeles, con sus respectivos atributos y una leyenda explicativa. El análisis de estas estampas y de la obra del Areopagita, muestra que las pinturas del Virreinato del Perú representan a ángeles portadores de atributos resultantes de diferentes jerarquías. Es así que el ángel con un haz de fuego en la mano puede ser un serafín, el que lleva cetro y corona, un dominio,
Los coronados de rosas y llevando los símbolos de la Pasión, virtudes. Los ángeles que llevan símbolos marianos constituyen una innovación barroca y así como existen ángeles representados con los símbolos de la Pasión, fueron creados aquellos con los símbolos de las Letanías, particularmente en el mundo hispánico, donde se inició el dogma de la Inmaculada Concepción.
Los ángeles siguen siendo representados como seres asexuados, jóvenes e imberbes, vestidos con trajes femeninos cortos, a veces con atuendos de soldados del siglo XVII llevando un arcabuz u otras armas de fuego.
Parece ser que las series de ángeles españoles precedieron a las americanas. La más antigua es posiblemente aquella pintada por el maestro Bartolomé Román para el monasterio de la Encarnación de Madrid, encontrándose una réplica del mismo autor en la iglesia de San Pedro de Lima. Siete ángeles fueron representados en esta serie: Miguel, Rafael, Gabriel, un Ángel de la Guarda, un Serafín, una Virtud y un Ángel portador de flores (Baraquiel). Existe igualmente en Cuzco un cuadro de siete arcángeles, inspirado en una lámina de Wierix. Estas series datan de fechas muy antiguas y es posible que hayan inspirado las pinturas posteriores. Román sitúa a sus ángeles delante de un paisaje, vestidos con trajes cortos que dejan ver las piernas calzadas de coturnos romanos. Todos los ángeles llevan coronas de rosas. Este tipo de ornamento será adoptado, con algunas vanaciones, por las series de ángeles realizadas en el Perú, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, hecho que explica su importancia.
La escuela sevillana de pintura, en especial en lo que se refiere a Zurbarán y sus discípulos, contribuyó también de forma importante a la iconografía de los ángeles. Representaciones de ángeles atribuidas a Zurbarán, Bernabé de Ayala y Polanco (que deben tanto unos como otros su estilo al maestro de la Extremadura) se encuentran diseminadas en diferentes lugares. La serie más importante de ángeles realizados por influencia de Zurbarán se encuentra en el Monasterio de la Concepción en Lima. Se trata de retratos de Miguel, Rafael, Gabriel, Hadriel, Jafiel, Ariel y Leriel. Esta serie fue sin duda concluida hacia 1635-1640.
La base teórica de estas composiciones de ángeles se encuentra en la obra del jesuita Antonio Ruiz de Montoya, en Lima. En su libro Silex del amor divino, evoca la potencia divina que alcanza a la humanidad por intermedio de los ángeles, de las jerarquías celestiales y de los "siete principios": Miguel, Rafael, Gabriel, Uriel, Sealtiel, Jesidiel y Baraquiel. Obras como ésta pretendían desarrollar la devoción a los ángeles, y esto daría posteriormente nacimiento a una especie de religiosidad popular que reemplazaría la devoción a los seres celestiales por la adoración a fenómenos naturales.
Acabamos de mencionar los antecedentes de las series de ángeles de Charcas y de Cuzco. En estas regiones, los ángeles son pintados con ricas vestimentas, rostros estereotipados y sin recurrir al claroscuro, lo cual dá como resultado un arte muy diferente al de los modelos europeos. Las series de ángeles aparecen hacia 1660, en un territorio que se extiende del norte del Perú al norte de la Argentina, siendo La Paz y Cuzco los centros de difusión . La información más antigua de la que disponemos con respecto a las series de ángeles, está contenida en un contrato firmado par el pintor cuzqueño Basilio de Santa Cruz, en 1661, por el cual este último se comprometía a realizar doce ángeles y doce vírgenes; vemos aquí que la costumbre española de mezclar series de seres celestiales con santos, como en Sevilla, se había expandido al Perú. Las series de Calamarca, Peñas y Jesús de Machaca (La Paz), Yarvicolla y Sora-Sora (Oruro) y de la iglesia San Martín de Potosí, todas en Bolivia, figuran entre las más importantes.
Encontramos en el Perú las series de Challapampa y del convento Santa Clara en Trujillo, y las de Casavindo en Argentina. En muchas iglesias y museos encontramos ejemplares únicos, correspondientes a series que fueron dispersadas. Un estudio iconográfico muestra que todas las series cuentan con los tres arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel. La mayoría comprende igualmente el Angel de la Guarda. Uriel está también presente a veces. Los demás ángeles están individualizados por sus nombres y por su aparición, en ocasiones, en el Antiguo Testamento: es así que el ángel que habla a Abraham lleva un haz de fuego en la mano y es llamado Jahiel o Teadquiel, el que expulsó a Adán y Eva del Paraíso Terrenal está armado de una espada de fuego y se llama Raziel, o a veces Uriel. Es difícil identificar a los otros ángeles dado que no conocemos las fuentes de su inspiración.
El Concilio del año 745 en Roma, y el del 789, en Aquisgrán, rechazaron el uso de nombres de ángeles, salvo de aquellos citados en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael. Las Iglesias griega y copta reverencian no obstante también a Uriel. Los demás nombres que figuran en las series andinas vienen de otras fuentes.

LOS ANGELES DE CALAMARCA
Una de las series de ángeles más completas que se conoce, se conserve en la iglesia de Calamarca, a 60 km de La Paz, en un territorio que pertenecía a los indígenas Pacajes. Un inventario de la iglesia, datado de 1728, indica que “en lo alto de los muros de esta Santa Iglesia se encuentran treinta y seis pinturas de ángeles y arcángeles, todas de la misma dimensión en sus bastidores”. Se puede deducir de este texto que en esa época fueron terminadas dos series: las Jerarquías y los Angeles Militares. La primera comprende a los siguientes ángeles: Gabriel. Rafael, ángel de la Guarda, Dominio, ángel de la columna (Virtud), ángel con las rosas (Virtud), ángel desenvainando la espada, ángel con la espada de fuego, ángel sosteniendo una llave, ángel con un haz de fuego en la mano ( Serafín), ángel con la espiga de trigo.
Ninguna de estas pinturas está firmada y no existe documento que nos permita identificar a su autor, que por consiguiente fue denominado Maestro de Calamarca. Sin embargo, la comparación de estas obras con las de la iglesia de Carabuco permite pensar que el Maestro de Calamarca podría ser José López de los Rios, quien pintó los cuadros de Carabuco en 1684.
Los ángeles que figuran en el "Juicio Final" de López de los Rios son idénticos a los de Calamarca en su vestimenta, sus actitudes y sus expresiones. La fecha de estas obras nos lleva a pensar que este artista podría ser, junta con Basilio de Santa Cruz, el creador de los ángeles andinos, tan diferentes de los modelos europeos. La vestimenta de los ángeles andinos tiene mangas amplias. bajo las cuales se llega a ver bordes de lentejuela de una fina camisa,
Una hermosa pintura de ángel con arcabuz se encuentra en el Museo Nacional de Arte de La Paz, bajo el nombre de Asiel Timor Dei. Es una obra de una calidad extraordinaria, que proviene posiblemente de una serie desaparecida. Los colores y el dorado de la vestimenta lo diferencian de los ángeles de Calamarca e indican que formaba parte de otra serie, salida sin duda de la misma escuela de pintura.

SERIES DE ANGELES EN LA AUDIENCIA DE CHARCAS

El pueblo de Peñas (La Paz) posee una serie de seis ángeles cuyos nombres no están indicados pero que representan a Miguel, Rafael y Gabriel, un ángel sosteniendo una columna, un ángel desenvainando la espada y un ángel Virtud. Su iconografía es idéntica a la de Calamarca pero se diferencian por la presencia de paisajes en el plano posterior.
Encontramos en Sora-Sora y Yarvicolla, dos pueblos situados en el departamento de Oruro, dos series de ángeles rodeados de orlas de flores. Uno de los ángeles de Sora-Sora sostiene una columna y se llama Gabriel Fortitude Dei. La serie de Yarvicolla es más grande y consta de una magnífica pintura de San Gabriel.
Finalmente, cinco ángeles de la iglesia de Jesús de Machaca, robados hace algunos años, completaban las series de ángeles del Collao. Había un trompeta con casco y adarga, un ángel limpiando su arcabuz, otro disparando y el cuarto llevando el arcabuz al hombro. Sin ninguna duda, la serie era mayor a lo que es actualmente, habiendo sido algunas de sus pinturas seguramente robadas o destruidas. El San Gabriel de esta serie fue decomisado par el Museo de La Paz. Estos cinco ángeles gozan de gran reputación. El atuendo que flota al viento y la profusión de joyas permiten atribuirlos a Leonardo Flores, el pintor más importante de la región de La Paz de fines del siglo XVII.
La iglesia San Martín de Potosí, parroquia de los indígenas Lupacas originarios del Lago Titicaca, guarda una serie de ángeles turiferarios sobre los cuales podemos leer la inscripción “Sanctus, Sanctus”.
Además de las series ya mencionadas, existen en museos y colecciones privadas, numerosas pinturas de ángeles aislados, cuyo origen es difícil determinar. Un cuadro particularmente notable es el San Rafael del museo de la catedral de La Paz, que viene del monasterio franciscano y que se atribuye a Luis de Riaño, activo hacia 1630.
Otro grupo de cuadros está compuesto par pinturas de San Miguel Arcángel, jefe de los ejércitos celestiales y protector de los cristianos contra el demonio. Representaciones de el fueron realizadas en innumerables oportunidades en el territorio de Charcas. El San Miguel del jesuita Diego de La Puente (1620-1663), que se encuentra en el monasterio jesuita de La Paz, es el prototipo de esta figura. De la Puente es igualmente autor del San Miguel que se conserva en el Museo Nacional de La Paz. En esta última obra, San Miguel sostiene una gran cruz. Este trabajo de colores excepcionales nos revela un maestro familiarizado con la obra de Rubens. De la Puente nació en Malinas y estudió de cerca las obras maestros de su país antes de partir a América.
También existe una representación barroca de San Miguel, descendiendo con las alas extendidas, las alas desplegadas y la vestimenta flotando al viento. Viene del "juicio final "de Rubens y fue adaptada. con algunas variaciones, por Melchor Pérez de Holguín, que firmó en 1708 una obra de este tipo, que se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Arte de La Paz. Quispe Tito hizo uso del mismo modelo en su ''Juicio Final" del monasterio franciscano de Cuzco. Sin embargo, la más extraordinaria pintura de San Miguel es la de la iglesia de San Pedro, en La Paz, en razón de sus dimensiones, de su excelente estado de conservación y del revestimiento dorado que la cubre.
El cuadro de Zurbarán que se encuentra en el monasterio de la Concepción en Lima, sirvió igualmente de modelo a varias obras: Zurbarán ejerció una gran influencia en la pintura americana, aún cuando sus santas son más populares que sus ángeles.

LOS ANGELES Y EL MUNDO INDIGENA

El éxito de la amplia difusión de las series de ángeles en el Altiplano merece ser resaltado. sobre todo si tomamos en cuenta la rareza de esta iconografía, cuyas fuentes deben ser buscadas en los apócrifos y en las iglesias minoritarias del cristianismo, como ser la iglesia Copta, que venera a Uriel.
El análisis de las series de ángeles militares muestra que éstos llevan nombres como Uriel, Zabriel, Letiel, Alamiel. Estos nombres vienen del libro apócrifo de Enoq, que no sabemos como llegó a América: corresponden a los ángeles corruptos citados en los capítulos VI y VII del Libro de los ángeles. En este texto, los nombres y las funciones de los ángeles son los siguientes: Baradiel, príncipe del granizo; Baradiel, príncipe del rayo; Galgaliel, príncipe del sol; Kokbiel, príncipe de las estrellas; Laylahel, príncipe de la noche; Matariel, príncipe de la lluvia ; Ofaniel, príncipe de la luna; Raamiel, príncipe del trueno; Raaziel, príncipe de los terremotos; Rhatiel, príncipe de los planetas; Ruthiel, príncipe del viento; Salgiel, príncipe de la nieve; Samziel, príncipe de la luz del día; Zaamael, príncipe de la tempestad; Zaafiel, príncipe del huracán; Zawae, príncipe del torbellino; Ziquiel. príncipe de los cometas.
Los ángeles que llevan estos nombres representan los fenómenos naturales, las estrellas y los planetas. Se debe añadir al ángel caído, Lucifer, representado por Venus, el Lucero, la única que no tiene una ubicación fija en el firmamento y cuyos vaivenes dan la impresión de que está cayendo. Aquí encontramos la costumbre muy antigua de imaginar a los ángeles como la personificación de fenómenos naturales. De una u otra forma, los religiosos que se encontraban en América tuvieron conocimiento de esta relación entre los ángeles y los fenómenos celestes y crearon las series de ángeles con estos nombres, con el fin de que la fe cristiana reemplace a la idolatría hacia los astros. Esto podría ser la explicación del éxito de las series angélicas en la población indígena. La importante propagación de las series de ángeles en los Andes se explica igualmente por la existencia de fraternidades indígenas en las iglesias jesuitas. Los jesuitas, que constituían una nueva orden religiosa, no tenían sus propios santos. Dedicaban por consiguiente sus iglesias a San Pedro, San Pablo, Nuestra Señora del Loreto y a San Miguel. De esta forma es que una fraternidad indígena de Lima era puesta bajo el patrocinio del arcángel, o que en 175O, durante una insurrección fallida, indígenas vestidos de ángeles se alzaron en armas aprovechando las festividades.
En el cuadro "La Procesión del Corpus Christi". que vemos en Cuzco, se observa a un grupo de indígenas vestidos de ángeles. Marchan con su uniforme militar. sombreros de plumas y llevan fusiles y banderas. Encontramos igualmente ángeles con sombreros de plumas en ciertas pinturas, Como la que se ve en San Francisco, Cuzco.
Los indígenas se identificaban con las series de ángeles y se esforzaban por mantenerlos vivos en su folklore. La danza conocida como Chatripulis, aún practicada en los suburbios de La Paz, es testimonio de ello. Indígenas bailan vestidos de ángeles, llevan una falda blanca, prendas femeninas, un chaleco y una camisa. Dos pequeñas alas van atadas al chaleco. Una cinta sujeta algunas plumas sobre la cabeza.
Los demonios, que figuran raramente en las pinturas, participan en las danzas tradicionales. Tal es el caso de la Diablada de Oruro, La Paz y Puno. Originalmente, esta danza era una pieza de teatro alegórica y religiosa, que representaba los siete pecados capitales derrotados por San Miguel. Un manuscrito del obispo Martínez Trujillo, conservado en Trujillo, constituye la más antigua referencia de esta danza, siendo el grupo que mejor conserva la tradición el que baila el 16 de julio en Paucartambo, para la fiesta de la Virgen del Carmen. La Diablada boliviana es bailada por grupos de más de cien personas, precedidas por San Miguel y Lucifer.

AUTORES

JOSÉ DE MESA Y TERESA GISBERT

1 comentario:

Ivette Durán Calderón dijo...

Ivette Durán Calderón
Un magnífico aporte de estos historiadores bolivianos. Vabe puntualizar que la Iglesia de Calamarca, celoso guardián de la magnífica colección pcyórica, se en cuentra en la Provincia Aroma, en la Cuarta Sección Calamarca que se encuentra a, 57 km. de la Ciudad de La Paz (Bolivia), situada sobre la carretera La Paz - Oruro

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