James Watson, premio nobel por su trabajo sobre el ADN, racista y matusiano confeso. Lo que sigue es una nota interesante sobre el tema.-
Esta semana el biólogo James Watson volvió a insistir sobre la antigua teoría de la inferioridad intelectualde los negros.
Esta antigua teoría fue apoyada por un estudio en los'90de Charles Murray y Herrnstein sobre "ethnic differences in cognitiveability" que mostraban gráficas de coeficientes intelectualesclaramentedesfavorables a la raza negra. Ahora Watson, de paso, ha propuesto lamanipulación genética para curar la estupidez, pero no menciona si esconveniente curar la estupidez antes de realizar cualquier manipulacióngenética. También los nazis y quizás Michael Jackson eran de la mismaidea que Watson. Ni Hitler ni los nazis carecían de inteligencia ni deuna alta moral de criminales. Como recordó un personaje del novelistaÉrico Veríssimo, "durante a era hitlerista os humanistas alemãesemigraram. Os tecnocratas ficaram com as mãos e as patas livres".Veamos dos breves aproximaciones al mismo problema, uno filológico yotro biológico. Ambos ideológicos.Por sus denuncias a la opresión de los indígenas americanos, Bartoloméde las Casas fue acusado de enfermo mental y sus indios de idiotas quemerecían la esclavitud. Es cierto que sus crónicas y denuncias fueronaprovechadas para acusar a un imperio en decadencia por parte de lamaquinaria publicitaria de otro imperio en ascenso, el británico. Peroesto es tema para otra reflexión.El erudito español Marcelino Menéndez Pelayo en 1895 calificó a de lasCasas de "fanático intolerante" y a Brevísima Historia, de "monstruosodelirio". Su más célebre alumno y miembro de la Real Academia Española,Ramón Menéndez Pidal, fue de la misma opinión. En su publicitado yextenso libro, El padre Las Casas (1963) desarrolló la tesis de laenfermedad mental del sacerdote denunciante al mismo tiempo quejustificó la acción de los conquistadores, como la muerte de tres milindios en Cholula a manos de Hernán Cortés porque era una "matanzanecesaria a fin de desbaratar una peligrosísima conjura que para acabarcon los españoles tramaba Moctezuma". Según Menéndez Pidal, Bartolomédelas Casas "era una víctima inconsciente de su delirio incriminatorio,desu regla de depravación inexceptuable". Pero al regresar a España paradenunciar las supuestas injusticias contra los indios, "se encontró conla gravísima sorpresa de que su opinión extrema sobre la evangelizacióndel Nuevo Mundo tenía enfrente otra opinión, extrema también, endefensade la esclavitud y la encomienda.Esa opinión estaba sostenida muy sabiamente por el Doctor Juan Ginés deSepúlveda [a través de] un opúsculo escrito en elegante latín ytituladoDemocrates alter, sirve de justis belli causis apud Indos". Una nota alpié dice: "Publicado con una hermosa traducción, por Menéndez Pelayo enBoletín de la Real Acad. De la Historia, XXI, 1891". Ginés deSepúlveda,basándose en la Biblia (Proverbios), afirmaba que "la guerra justa escausa de justa esclavitud […] siendo este principio y concentrándose alcaso del Nuevo Mundo, los indios `son inferiores a los españoles comolos niños son a los adultos, las mujeres a los hombres, los fieros ycrueles a los clementísimos, […] y en fin casi diría como los simios alos hombres'". Con frecuencia, Pidal confunde su voz narrativa con ladeSepúlveda. "Bien podemos creer que Dios ha dado clarísimos indiciosparael exterminio de estos bárbaros, y no faltan doctísimos teólogos quetraen a comparación los idólatras Cananeos y Amorreos, exterminados porel pueblo de Israel". Según Fray Domingo de Soto, teólogo imperial,"porla rudeza de sus ingenios, gente servil y bárbara están obligados aservir a los de ingenio más elegante". Menéndez Pidal insistía en sutesis de la incapacidad mental de quienes criticaban a losconquistadores, como "el indio Poma de Ayala, [que] mira con maliciososojos a dominicos, agustinos y mercedarios, mientras advierte quefranciscanos, jesuitas y ermitaños hacen mucho bien y no toman limosnade plata". Según Pidal, esto se debía a que "a esos indiosprehistóricos, venidos de la edad neolítica, no era posible atraerloscon la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, sino con lasFlorecillasEspirituales del Santo de Asís".En su intención de demostrar la enfermedad mental del denunciante,Pidalse encuentra con indicios contrarios y resuelve, por su parte, unareglapsicológica que lo arregla todo: "el paranoico, cuando sale del tema desus delirios, es un hombre enteramente normal". Luego: "Las Casas es unparanoico, no un demente o loco en estado de inconsciencia. Su lucidezhabitual hace que su anormalidad sea caso difícil de establecer ygraduar". Que es como decir que era tan inteligente que no podíarazonarcorrectamente, o por su lucidez veía ilusiones. Bartolomé de las Casas"vive tan ensimismado en un mundo imaginario, que queda incapaz parapercibir la realidad externa, que es la desbordante energía desplegadapor España en los descubrimientos geográficos". Una confesiónsignificativa: "Las Casas hubiera sido, dada su extraordinariaactividad, un excelente obispo en cualquier diócesis de España, pero suconstitución mental le impedía desempeñar rectamente un obispado en lasIndias". De aquí se deducen dos posibilidades: (1) América tenía unefecto mágico-narcótico en algunas personas o (2) los obispos de Españaeran paranoicos como de las Casas pero por ser mayoría era tenido comoalgo normal.Esta idea de atribuir deficiencias mentales en el adversariodialéctico,se renueva y extiende en libros masivamente publicitados sobre AméricaLatina, como Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996) y Elregreso del idiota (2007). Uno de los libros objetos de sus burlas,Paraleer al pato Donald (1972) de Ariel Dorfman y Armand Matterlart, parececontestar esta posición desde el pasado. El discurso de las historietasinfantiles de Disney consiste en que, "no habiendo otorgado a losbuenossalvajes el privilegio del futuro y del conocimiento, todo saqueo noparece como tal, ya que extirpa lo que es superfluo". El despojo esdoble, casi siempre coronado con un happy ending: "Pobres nativos. Quéingenuos son. Pero si ellos no usan su oro, es mejor llevárselo. Enotraparte servirá de algo".Sócrates o Galileo pudieron hacerse pasar por necios, pero ninguno deaquellos necios que los condenaron pudieron fingir inteligencia. Eso enla teoría, porque como decía Demócrates, "el que amonesta a un hombreque se cree inteligente trabaja en vano".En Examen de ingenios para las ciencias (1575), el médico Juan Huartecompartía la convicción científica de la época según la cual el cabellorubio como el de su rey, Felipe II era producto de un vapor gruesoquese levantaba por la fuerza de la inteligencia. Sin embargo, afirmabaHuarte, no era el caso de los alemanes e ingleses, porque su cabellorubio nace de la quema del mucho frío. La belleza es signo deinteligencia, porque es el cuerpo su residencia. "Los padres quequisieren gozar de hijos sabios y de gran habilidad para las letras,hande procurar que nazcan varones". La ciencia de la época sabía que paraengendrar varón se debía procurar que el semen saliera del testículoderecho y entrase en el lado derecho del útero. Luego Huarte dafórmulasprecisas para engendrar hijos de buen entendimiento "que es el ingeniomás ordinario en España".En la Grecia antigua, como dice Aristóteles, se daba por hecho que lospueblos que vivían más al sur, como el egipcio, eran naturalmente mássabios e ingeniosos que los bárbaros que habitaban en las regionesfrías. Alguna vez los rubios germánicos fueron considerados bárbaros,atrasados e incapaces de civilización. Y fueron tratados como tales porlos más avanzados imperios de piel oscurecida por los soles del Sur. Loque demuestra que la estupidez no es propiedad de ninguna raza.-
Jorge Majfud, The University of Georgia.
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