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9.4.08

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Año 1667:
VIDA Y MUERTE EN LOS VALLES CALCHAQUÍES

Los acalianes

El Gobernador de Tucumán Alonso de Mercado y Villacorta comunica al Rey de España que los indios Acalianes expatriados del valle de Calchaquí en 1665, y situados en la juridiscción de Esteco, retornaron a dicho valle, donde acaba de someterlos; y que ha procedido a distribuirlos, destinando al puerto de Buenos Aires cuarenta de sus familias, con otras diez de diferentes parcialidades .

Calchaquí 2 de enero de 1667

El Gobernador D. Alonso de Mercado da cuenta de que habiendo hecho fuga de la Ciudad de Esteco y acojidose al Valle de Calchaquí de aquella Provincia los Indios Acalianes recién reducidos y tomado segunda vez las Armas queda conseguida su pacificación y Castigo con nueva seguridad del gentío desnaturalizado.

Señor:
En carta de 27 de enero pasado de 66, continuando las noticias, de esta conseguida pacificación, y conquista de este Valle, a cuya confianza vine enviado, di, cuenta de haberse desnaturalizado todo el gentío rebelde, y de la disposición que se tomó en apartarle cuanto se pudo, de las fronteras, para mayor seguridad, con cuyo fundamento y por la fuga que, empezaron, a hacer algunas de las piezas distribuidas por, remuneración en servicio, se procuró el reparo, en la diligencia de las correrías, que se fueron continuando sucesivamente con gran conveniencia del negocio.
Si bien la, acomodada, disposición de la tierra, a facilitar, este, inconveniente, a los indios y familias apresadas y divididas, y su ansioso deseo, a salir de la sujeción, y a la libertad, de, estas montañas, nunca pudo tenerle, enteramente reparado, siendo el mayor cuidado de la materia, en el ejemplar, de estas familias, la contingencia, de los pueblos desnaturalizados y sitiados en las fronteras, que, como fieros, tan vecinos a la ocasión, y recién reducidos, estaban todavía, de poco segura confianza, entre los cuales fue siempre, el de Acalian (que se remitió, a la Ciudad, de Esteco, para, alivio, del estado descaecido de aquella República) el de peor concepto, y naturaleza, llevado, de la cual, las flacas fuerzas, de los habitadores, y del Presidio (que tengo representadas) resolvió la, alevosa infidelidad, de la fuga, poniendola en ejecución la noche, del día 12 de setiembre pasado, con gravosas circunstancias, de hostilidades, y el daño, de, dos muertes, de indios domésticos y diferentes robos, en que fueron empeñando el delito, por lo poblado, de la Juridicción, embarazados poco, en las armas de Esteco, que pudieron prontamente seguirles.

Hallábame, a este tiempo en la Ciudad, de Salta, al contrario accidente, con cuya noticia, y con alguna esperanza, de poder atajar los pasos a los fugitivos, en la parte, por donde, se discurrió que podían hacer esta marcha, sali, en persona, tan inmediatamente, y a la ligera, que a los dos días naturales, desde que recibí el aviso, estaban ocupados los puestos, con ser, de casi treinta leguas a la distancia.
Pero receloso quizá, el enemigo, de, esta defensa, o, con, noticia de ella, dejó las asperezas de la montaña y guió por lo llano, al paraje, de los Chomoros, distritos de la Ciudad, de San Miguel, por donde ganando, la subida, de, estas Cordilleras, logró, tan alevoso escape, de que advertido, hecho consejo, y considerado el estado presente de, esta novedad, y la contingencia, a que quedaba expuesta con ella, la paz adquirida, y la solución, de entrar apresuradamente. ..., despachando algunas forzozas ordenes, para las asistencias de las Ciudades, falto de medios, y sin más prevención, que la de sesenta españoles, que pudieron por entonces, seguirme, me arrojé a la facción, entrando a, este Valle, a los, cinco días, que gozaba de libertad, en él, esta, delincuente parcialidad, y no perdiendo tiempo, ni, dandósele, para disponerse a los enemigos.
Justificada con piedad, de nuevo esta causa, en el mensaje de la paz, y respondiendo con desprecio, se les buscó sin dilación con las armas, sobre la fortaleza, de las cumbres, reconociéndose, en la, arrojada, determinación y numeroso cuerpo con que se mostraron en la primera refriega, la fiera obstinación y confianza con que se hallaban.

Pero rotos, y desbaratados entonces, y atropellados y vencidos más, en el retiro de unos, cerros nevados, donde pretendieron distantes hacerse ocultos, y defendidos, fue, desvanecido enteramente su furor, dividiéndose por familias, sueltas, desesperadas a morir, y arrojando con impiedad, de los pechos los hijos, en el aprieto de los alcances, para sustentar con las vidas, el infiel ánimo, de, esta rebelde terquedad, la cual discurrida de nuevo, y hallando ociosa, la repetida diligencia de la proposición, de la paz, y que no tenía, esta gente otro modo, de sustentarse, que, el de la algarroba de lo llano (que se conserva en grande abundancia, de un año para otro, sin dañarse sobre la tierra) se resolvió, ocupar estos, sitios, separándose, en tres cuarteles el campo, con el fundamento, que dieron, a esta disposición, los socorros, de, españoles, y indios amigos, que iban llegando, desde, a donde, prosiguiéndose, sin cesar, el rigor del hambre y la guerra, y aprisionados el Curaca y los principales mandones, de, estos Acalianes, se necesitaron tanto los enemigos, que hubieron de ceder, su inhumana dureza, empezando, a bajar, ofreciendo la paz, en que, admitidos los primeros, con. no esperado agasajo suyo, y facilitando el ejemplar, y la continua solicitud, de las correrías, la desconfianza, y rebeldía de los demás, se fue, adelantando tanto la conveniencia, que muy en breve, no quedó nada por hacer, si bien, se reconoció por acertado perseverar más tiempo en la facción, así, para no volver, en, ninguna contingencia, de, esta seguridad, como por lo que, adelantaba, esta perseverancia, de nuestras armas, en la quietud, de lo de mas del gentío desnaturalizado, con cuya consideración, mantenida cerca, de cuatro meses la campaña, y satisfecho enteramente, el intento, se resolvió la retirada, y el dar expediente, a lo adquirido, distribuyendo por remuneración bien servida, las piezas prisioneras a los, soldados, con la facultad permitida, por el Real acuerdo de Buenos Aires, algunas familias libres, a los cabos y oficiales del campo, y señalándose cuarenta indios Acalianes, y otros diez, de, diferentes naciones, los más delincuentes, y, de, sospechosa confianza, de la Provincia con sus mujeres, y hijos, para remitirlos a la, asistencia, de las fortificaciones del Puerto, donde tienen, tan afianzada, su conveniencia espiritual y política, las, ciento y cincuenta familias quilmes que se retiraron por belicosas, a esta distancia.

Separada, la campaña pasada, de sesenta y cinco, con tan feliz acierto, se, ha, dado pronto desempeño al contrario accidente, de, esta fugitiva parcialidad, haciéndome más estimable, lo favorable, del suceso, por la consecuencia, que, ha, ocasionado a la paz conseguida. Y por haberse dispuesto tan airosa facción, sin, ningún gasto, de la Real Hacienda. Consignándose por Consejo de Campo, el beneficio, de Veinticinco, o, Treinta familias por via, de, encomienda, de los prisioneros y pacificadas, para pagar el gasto, de dos mil y quinientos pesos, que han, importado los bastimentos, de pan, carne, yerba, y tabaco, de que, ha, hecho envío a crédito, la Real Caja, de la Ciudad de Salta, y con que se han socorrido, de ración ordinaria, los, ciento y veinte españoles y ciento y cincuenta indios amigos, de la, asistencia, de, esta facción, y solo pongo por compadecido trabajo suyo, y desconveniencia, no podía excusar, de, esta misericordia, de nuestro Señor la sangra vertida, en los asaltos, de cuarenta y ocho indios gandules, y de más, de cien piesas, entre mujeres y niños, a quien despeño, en los alcances, su misma temeridad, y el inescusable y violento furor de la guerra, con cuyo número y el reducido y apresado llegan, a , doscientos y cincuenta indios y familias, las conquistadas, y a casi mil almas en todas, las que, a lo demás del gentío desnaturalizado.

Estas, son por mayor, todas las noticias, y circunstancias de, este caso, de que, he, debido informar, y dar cuenta, y que, adelanto, desde, este Valle, estando para mover mañana la marcha, retirando, las armas a las fronteras, y, disponiéndome, de nuevo, al desvelo y solicitud, de, reconocer, los Pueblos, recién reducidos, y su desagravio, y enseñanza Christiana, en cuya materia, y en las de mas, de, esta pacificación y Conquista, me queda no poco, que avisar, y que proponer, como también lo haré, de haber llegado a Buenos Aires, el envío, de las, cincuenta familias referidas, y de, algunos otros particulares en que, me tiene, tan cuidadoso y advertido, este tan propio y señalado empeño de Calchaquí. Guarde Nuestro Señor la Católica y Real persona, de V. Mag.a como la Christiandad, a, menester.
De este Real y Fuerte, de San Francisco de los Quilmes Valle, de Calchaquí enero 2 de 1667.
D. Al°. de Mercado y Villacorta

NOTA: El presente texto fue publicado en el libro QUILMES COLONIAL, de Guillermina Sors (La Plata, 1937).La carta original se halla en el Archivo General de Indias en Sevilla, Audiencia de Charcas, legajo 122.La transcripción es literal, sólo se han modernizado algunos términos para facilitar su lectura.

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